POE

Edgar Allan Poe, aunque él prefería ser Edgar a poet, definición que descubrió jugando con las letras de su nombre, mientras se adentraba en la poesía. Hasta hace algún tiempo, cada 19 de enero aparecían en su tumba, en Baltimore. tres rosas y una botella de cognac a medio terminar; este era, y quizás lo sigue siendo, el curioso modo de recordar el cumpleaños de un escritor no menos enigmático. Poeta, maestro en el arte del terror y fundador del género policial. Como un Ariel hecho hombre, diríase que ha pasado su vida bajo el flotante influjo de un extraño misterio. Nacido en un país de vida práctica y material, la influencia del medio obra en él al contrario. De un país de cálculo brota una imaginación tan estupenda; el don mitológico parece nacer en él por lejano atavismo , y en su poesía se ve un claro rayo del país del sol y azul en que nacieron sus antepasados.

Poe, por su organización vigorosa y cultivada, pudo resistir esa terrible dolencia que un médico escritor llama  con gran propiedad “la enfermedad del ensueño”; era un sublime apasionado, un nervioso, uno de esos divinos semilocos necesarios para el progreso humano, que nació con la adorable llama de la poesía, y ella le alimentaba al propio tiempo que era su martirio. En él , reina el ensueño desde su niñez. Por una parte, posee en su fuerte cerebro la facultad musical; por otra, la fuerza matemática, su ensueño está poblado de quimeras y de cifras como la carta de un astrólogo. Hasta su misterio es matemático para su propio espíritu. La ciencia impide al poeta penetrar y tender las alas en la atmósfera de los verdades ideales, la condición algebraica de su fantasía, hácele producir tristísimos efectos cuando nos arrastra al borde de lo desconocido.

La imaginación de Poe era de una asombrosa precisión. Además, la notable aptitud que tuvo para las ciencias físicas y las matemáticas, lo ayudó a crear esos cuentos de efectos insospechados.

Pero su mente era un arma de doble filo: le permitía creaciones literarias extraordinarias pero, como contrapartida , lo sometía a los ataques de delirium tremens.

Este gran admirador de Lord Byron, publicó a los 36 años, el poema que le dio fama mundial : “El cuervo”, con el cual el autor ganó la inmortalidad y 5 dólares en concepto de derecho de autor. Aunque tuvo alguna época de mayor soltura económica, el escritor nunca consiguió vivir de su fama, pese al éxito que alcanzaban sus publicaciones.  Hace algunos años se remató un ejemplar de “Tamerlan y otros poemas” en 198 mil dólares.

Entre sus obras: “William Wilson”, “Berenice”, “El corazón delator”, “Los crímenes de la calle Morgue”, “La caída de la casa Usher”.

Curiosidad sustraida de aquí

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