EL CÓNSUL DE SODOMA

A Vanessa Díez

Ayer me sentí Vila Matas en el Boccaccio viendo El cónsul de Sodoma. Me acerqué nervioso al cine, porque sabía que esta historia no me iba a dejar indiferente. Desde niño, siempre he tenido predilección por saber los entresijos en los que vida y obra se entrecruzan. Vila- Matas es un experto en ello. Hace un par de años leí Bartleby y compañía y me sentí fascinado. Esa fascinación, casi enfermiza, también me surgió ayer. Barral, Gil de Biedma y Marsé, la Gauche Divine, la Barcelona franquista y postfranquista, esos aires de libertad, que ellos anhelaban.
Ayer me sentí Vila Matas. Me vi reflejado en ese joven periodista que aborda a un Gil de Biedma lúcido y divertido, que está sediento de anécdotas para su columna del fotogramas. Cambiaría unas horas de mi vida por haber vivido esos años productivos y frenéticos.
Hoy yo sería el Vila Matas que iría en busca del Vila Matas consagrado y que seguro sería lúcido y divertido. Y no solo buscaría a Vila-Matas, muchos son los escritores a los que admiro, David González, Manuel Vilas, Ray Loriga, Pablo García Casado, David Mayor, Juan Marqués, Benjamín Prado, Salvador Gutiérrez Solis, José Ángel Barrueco y mil y un autores más, que seguro que por encima de su obra estarían ellos lúcidos y divertidos. Hoy me siento un poco más Vila-Matas y hago esta crónica extraña del cónsul de Sodoma. No hablo de la película, ni de los actores, ni de la música (interpretada magistralmente por Joan Valent), tan solo me refiero a lo que me produjo. Esa sensación de descubrir algunos entresijos de la poética de Gil de Biedma. Esa voz en off que nos mostraba, casualmente, los poemas que más admiro, de este poeta que dijo ser poema.

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2 comentarios to “EL CÓNSUL DE SODOMA”

  1. A mi tampoco me dejó indiferente la vida de Gil de Biedma reflejada en la película. Sentí que no perdimos el tiempo ni el dinero allí sentados. Aquella Bimba Bosé y aquellos personajes …

    Gracias vida por estar ahí.

    Vanessa Díez.

  2. Yo también sentí esas sensaciones que sentiste tú, Eduardo. Comparto ese anhelo de haber podido vivir una tarde en el Bocaccio, con esa gente. Gracias por tu texto. Un abrazo.

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