PARA LAURA

Es la infancia otra vez, su peluca de bosque.

Y así como los pájaros perdonan

he aprendido que el día es un cuarto cerrado.

Ábrelo, tú que sabes.

Y las ciudades saltan y volvemos a ver.

Me he perdido en la casa.

Las estrellas manchadas de betún

no daban nada más a quien todo lo tuvo.

Volé con mis hermanos en la tierra amarilla,

amé el sur de las cosas

y el poder asombroso de un cantante:

dominar lo invisible,

planear invasiones, escribir en el agua,

decretar que eran míos los pasillos del cielo.

El tejado, las ranas croando en otro idioma.

Las cerezas estallan en la frente

y esto es sólo una vez.

Ya tengo treinta años, tú vas a cumplir uno.

Mañana te diré: yo estuve ahí.

Y perdí mi país como tú lo has ganado.

En tus manos Petrarca

es sólo este gorrión.

Pero contigo vuelvo a abrir el mar

y llevo en el bolsillo las llaves de la lluvia,

y el violín de los gatos, y la sal, que sí baila,

y el lápiz del silencio, para pintarle a abril ojos y pies.

Aprende, niña mía.

Los hombres no morimos; solamente

aprendemos a ver

en la ventana rota, mordida por el sol.

José Luis Rey

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