MUSIC BOX

Para poder conciliar el sueño en vez de contar ovejas, cuento o selecciono los malos de película que más me han impactado.  Hay un sinfín de crueles personajes que me han hecho hincar las uñas en la butaca con tal de no gritar por decoro.  Me aguanto las ganas de orinar, por no sentir la presencia del Jack Torrance de El Resplandor. Pero hay un miedo no reconocible que me hace estremecer.  Cuando era niño acompañaba todos los sábados a mi padre al videoclub.  Todavía recuerdo aquel olor a viejo y las filas de estanterías repletas de cajas vacías de cintas VHS.  Cientos de dramones o Charles Bronson repartiendo justicia con un bate de beisbol son las imágenes que me vienen frescas a la memoria.  Pero aquel sábado destacó.  Yo, inocente, buscaba alguna imagen que me llamara la atención, me atrapara.  Mi padre, mientras, no despegaba la mirada de una caja con fotografías en blanco y negro que acababa de coger.  Esa noche me dejaron ver la película. No había sexo explicito, no había sangre, pero era una historia dura, muy dura.  La caja de música (Music box) de Costa Gavras.  Como siempre el señor Gavras nos mezclaba un contexto histórico, la línea tan fina del bien y del mal y hasta que punto una persona puede ser un gran padre y un hombre ejemplar entre sus conciudadanos y en el pasado pudo ser un horrible asesino.  Los ojos del personaje principal se me quedaron grabados.  Esa mirada verde de un temeroso anciano.

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