ABUELA

Nunca fue cariñosa,

pero eso

hoy no importa demasiado.

Mi tía, que la cuida,

ha llenado el cuarto

con cientos de retratos.

Mi abuela los mira,

como lo hacen las vacas,

al ver pasar el tren.

Nada tiene sentido.

Mi abuela,

toma el te con Olvido

y con ese viejo alemán

llamado Alzheimer.

Hablan de recuerdos,

de la infancia, de la guerra

de su boda, de los hijos,

de aquella mujer,

que en el bombardeo

del mercado Alicante

corría perdida sin cabeza.

Y sonríe,

vuelve hacia atrás

son los años sesenta.

Mi abuelo la visita cada noche

pasean, bailan, almuerzan.

Y se pierde en el camino

de la cocina a la despensa.

 

PD:  Este es un poema perteneciente al poemario titulado PROZAC, TRANKIMAZIN Y OTROS PARQUES INFANTILES.  Este poema está dedicado a Carmen Miralles López, mi abuela.  Que durante muchos años fue la memoria viva de la familia(se acordaba de todo).  Desde aquí quiero que siga viva su memoria, porque se nos ha ido un trocito importante de todos nosotros.  Quisiera agradecer todas las muestras de afecto y de cariño que hemos tenido.  Ya se ha ido con su Eduardo, al que tanto quería

 

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