LA QUE NO MIENTE

Mi gata, la Teniente Ripley,
los días del verano desaparece
debajo de los muebles;
la oigo comer o beber agua,
a veces jugar lejana en un pasillo;
pero no acude si la llamo
ni necesita nada de nosotros.

Luego, por la noche,
salta a la cama, me huele la boca,
se echa sobre mi corazón.
La descubro al amanecer
muy cerca de mis ojos, callada,
como si fuéramos pequeñas,
nocturnas amantes de pelo negro.

Luego salta y desaparece
en los ángulos de la casa, ella,
la que ni miente ni se adapta
a lo que no desea.
Creo
en ese silencio que contiene
la trayectoria del pájaro, el olor
de las vísceras o la altura de la calle.

Pues siempre es Verdad
que me necesita o que me araña.

Cristina Morano

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