Archive for the Artículos Category

MUSIC BOX

Posted in Artículos, Malos de película on 5 mayo 2010 by cuestiondeego

Para poder conciliar el sueño en vez de contar ovejas, cuento o selecciono los malos de película que más me han impactado.  Hay un sinfín de crueles personajes que me han hecho hincar las uñas en la butaca con tal de no gritar por decoro.  Me aguanto las ganas de orinar, por no sentir la presencia del Jack Torrance de El Resplandor. Pero hay un miedo no reconocible que me hace estremecer.  Cuando era niño acompañaba todos los sábados a mi padre al videoclub.  Todavía recuerdo aquel olor a viejo y las filas de estanterías repletas de cajas vacías de cintas VHS.  Cientos de dramones o Charles Bronson repartiendo justicia con un bate de beisbol son las imágenes que me vienen frescas a la memoria.  Pero aquel sábado destacó.  Yo, inocente, buscaba alguna imagen que me llamara la atención, me atrapara.  Mi padre, mientras, no despegaba la mirada de una caja con fotografías en blanco y negro que acababa de coger.  Esa noche me dejaron ver la película. No había sexo explicito, no había sangre, pero era una historia dura, muy dura.  La caja de música (Music box) de Costa Gavras.  Como siempre el señor Gavras nos mezclaba un contexto histórico, la línea tan fina del bien y del mal y hasta que punto una persona puede ser un gran padre y un hombre ejemplar entre sus conciudadanos y en el pasado pudo ser un horrible asesino.  Los ojos del personaje principal se me quedaron grabados.  Esa mirada verde de un temeroso anciano.

LAS BUENAS MANERAS

Posted in Artículos on 19 abril 2010 by cuestiondeego

 

Lo comentábamos el otro día durante una comida: se está perdiendo la poca educación que había en este país. Y con esto nos referíamos no a lo que enseñan en las escuelas, sino a las buenas maneras, al modo de comportarse en sociedad, a saludar a las personas con las que te cruzas en un portal, sean vecinas o no; a pedir permiso cuando tienes que pasar junto a alguien para que se aparte, en vez de empujarlo con el codo, como se estila ahora; a dejar salir antes de entrar en un sitio; a dar las gracias cuando te devuelven el cambio en un comercio o cuando te abren la puerta para que pases o cuando te permiten el paso en el metro. El caso más flagrante es el del metro, creo que ya lo comenté en otro sitio. Va uno a salir de su vagón y, cuando se abren las puertas, ve en el andén a la masa. Y casi toda la masa (no toda, por fortuna) está ahí, al acecho, obstruyendo la salida y a punto de entrar antes de que salgamos los viajeros que hemos elegido esa parada. La mayoría trata de entrar cuando tú no has salido y por eso se repiten situaciones lamentables, dignas de una comedia de los Hermanos Marx: con dos personas frente a frente, eligiendo el mismo lado para avanzar, y con los ciudadanos discutiendo con prisas y malos modos. Alguien dijo, durante la comida, que se trataba de gente mayor. Yo añadí que no, que se trata de gente de toda edad y condición. No sabemos dónde se perdieron las buenas maneras. Sólo queremos que vuelvan. Al menos para que las ciudades sean más habitables.

José Angel Barrueco

Post aparecido en el blog de Casimiro Parker

MI PADRE

Posted in Artículos on 11 febrero 2009 by cuestiondeego

Hasta los dieciséis años mi padre no fue mi padre, era el señor que dormía con mi madre. Y así trascurrió la infancia. Realmente no recuerdo casi su voz en la etapa de la niñez. Mi padre era aquel señor que dormía mucho. En la sobremesa, las tardes de domingo, los días de lluvia. Siempre dando cabezadas. Era hombre de pocas palabras. De la etapa de la niñez no me vienen recuerdos del timbre de su voz pero sí de sus ronquidos y de alguna que otra canción tarareada mientras paseábamos. A veces me vienen a la memoria aquellos paseos por la calle el Salvador, mientras unos tras otro, morían aquellos ducados en su boca. Una de las sensaciones más latentes es el olor a tabaco de sus dedos. Enormes manos de carnicero que me arropaban la mano dándome seguridad. Pero no hablábamos. Paseábamos por aquellas calles sin mediar palabra. Era una extraña figura que se perdía en sus sombras.
Entre semana por las noches al volver de trabajar me traía morcillas calientes, que yo devoraba. Quizás él me miraba complaciente sin alcanzar a entenderme. Nunca nos llegamos a entender el uno al otro. Mi infancia transcurrió casi sin su presencia. Mi abuela, mi abuelo, mi madre, mis tíos; suplieron sus innumerables ausencias. Mi padre estaba casado con mi madre y con Corberó, Balay, Zanusi, Seat, Iberdrola y un largo etcétera de empresas que según ellas te hacen la vida mejor. En el colegio presumía de un padre lejano. Conocía su profesión pero jamás profundizamos mucho más. En los viajes cantaba y reía. Jamás pude tener una conversación normal con él. Vivíamos los dos en dos mundos tan distantes pero muy parecidos. Le suponía bastante egoísta porque prefería irse a trabajar que estar conmigo.
Quiso la vida llevarnos por un sendero raro y tortuoso para que nos conociéramos de verdad. Uno de esos Domingos tan extraños, le acompañé a hacer la visita de rigor a mi abuela. Yo fui ensimismado en mis cosas. El como siempre acomodado en sus silencios fumaba con devoción aquellos ducados. Caminábamos ajenos el uno al otro. Tras una estancia breve en casa de mi abuela, regresamos a casa donde mi madre estaba dándole los últimos retoques a la paella. Un extraño mal comenzó a ceñirse en su cabeza. Un mareo hizo que a trancas y barrancas lográramos llegar a casa. Muchos meses pasaron hasta que pudieran erradicarle aquello-HEMORRAGIA INTRAPARENQUIMATOSA CEREBELOSA DERECHA-dijeron los médicos, es lo que viene a ser un coágulo de sangre en el cerebelo. Después de una aparatosa operación, una prolongada rehabilitación, mucha paciencia y alguna que otra discusión, mi padre logró salvar todos los obstáculos. Tan solo un escollo le costó tiempo asimilar. La pronta jubilación hizo que se sintiera inútil pero lo superó. Consiguió apreciar la vida con sus virtudes y sus defectos, convirtiéndose en un hombre nuevo lleno de ilusión por lo que antes no había tenido tiempo de apreciar.
A partir de marzo de 1996 mi padre comenzó a ser mi padre. Los dos intentamos recuperar el tiempo perdido. Nos fuimos descubriendo el uno al otro. Comenzó lo que hoy es una gran amistad y admiración mutua. En días como hoy que tan raro me siento, pienso en todo lo que hemos ido dejando atrás en estos doce años de lucha contra el tiempo. En ocasiones me viene a la memoria aquel hombre tosco y malhumorado que era. Otras veces, no logramos entendernos el uno al otro, aunque sabemos que nos tenemos ahí para apoyarnos. Siempre que tengo tiempo para reflexionar, me detengo pensando en lo duro que debe ser que tu vida cambie de golpe, todo por un mero capricho del destino. No sé si por falta de tiempo o por orgullo nunca encuentro el momento ni las palabras para agradecerle muchas cosas. A veces me gustaría haber sido más brillante y haber conseguido algún triunfo del que se hubiera sentido orgulloso. Pero siempre he estado del lado de los perdedores.