Archive for the Poemas que me gustan Category

EL CREMATORIO

Posted in Poemas que me gustan on 12 septiembre 2011 by cuestiondeego
Les pregunté por el horno a aquellos dos tipos,
era la noche del 18 de diciembre del año 2005,
carretera de Monzón, que no sabes dónde está Monzón,
es un pueblo perdido en el desierto.
Aires de tormenta en lo Alto, sobre la nada desnuda
como una recién casada, luna abajo de las carreteras muertas.
Monzón, Barbastro, mis sitios de siempre.
Me dejaron ver por la mirilla y allí estaba ya el ataúd ardiendo,
resquebrajándose, la madera del ataúd al rojo vivo.

El termómetro marcaba ochocientos grados.
Imaginé cómo estaría mi padre allí dentro de la caja.
Y la caja dentro del fuego y mi corazón dentro del terror.
Hasta las ganas de odiar me estaban abandonando.
Esas ganas que me habían mantenido vivo tantos años.
Y mis ganas de amar, ¿qué fue de ellas? ¿Lo sabes tú,
Señor de las grandes defunciones que conduces
a tus presos políticos a la insaciabilidad, a la perdurabilidad,
a la eternidad sin saciedad, oh, bastardo,
Tú me arrancas,
amor de Dios, oh, bastardo?

Recoge a ese hombre en mitad del desierto.
O no lo recojas, a mí qué puede importarme
tu presencia heladora en esta noche del borracho
que he sido y seré, contra ti, o a tu favor,
es lo mismo, qué grandeza, es lo mismo.
El principio y el final, lo mismo, qué grandeza.
El odio y el amor, lo mismo; el beso y la nalga,
lo mismo; el coito esplendoroso en mitad de la juventud
y la putrefacción y la decrepitud de la carne,
lo mismo es, qué grandeza.

El horno funciona con gasoil, dijo el hombre.
Y miramos la chimenea,
y como era de noche,
las llamas chocaban
contra un cielo frío de diciembre,
descampados de Monzón,
cerca de Barbastro, helando en los campos,
tres grados bajo cero,
esos campos con brujas y vampiros y seres como yo,
“allí sube todo”, volvió a decir el hombre,
un hombre obeso y tranquilo,
mal abrigado pese a que estaba helando,
la espesa barriga casi al aire,
“dura dos o tres horas, depende del peso del difunto,
dijo difunto pero pensaba en fiambre o en saco de mierda,
antes hemos quemado a un señor de ciento veinte kilos,
y ha tardado un rato largo”, dijo.
“Muy largo, me parece”, añadió.

“Mi padre sólo pesaba setenta kilos”, dije yo.
“Bueno, entonces costará mucho menos tiempo”,
dijo el hombre. El ataúd ya eran pepitas de aire o humo.

Al día siguiente volvimos con mi hermano
y nos dieron la urna, habíamos elegido una urna barata,
se ve que las hay de hasta de seis mil euros,
eso dijo el hombre.

“Sólo somos esto”, sentenció el hombre de una forma ritual,
con ánimo de convertirse en un ser humano, no sabiendo
ni él ni nosotros qué es un ser humano,
y me dio la urna guardada dentro de una bolsa azul.
Y yo pensé en él, en lo gordo que estaba, en cuánto tardaría él
en arder en su propio horno. Y como si me hubiera oído
dijo “mucho más que su padre” y sonrió agriamente.

Entonces yo le dije “el que tardaría una eternidad
en arder soy yo, porque mi corazón
es una piedra maciza y mi carne acero salvaje
y mi alma un volcán
de sangre a tres millones de grados,
yo rompería su horno con solo tocarlo,
créame, yo sería su ruina absoluta,
más le vale que no me muera por aquí cerca”.
Por aquí cerca: descampados de Monzón,
caminos comarcales,
Barbastro a lo lejos, malas luces,
ya cuatro grados bajo cero.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.

Sí, ya me voy, ojalá yo pudiera arder como ha ardido
mi padre, ojalá pudiera quemar
esta mano o lengua o hígado de Dios
que está dentro de mí,
esta vida de conciencia inextinguible
e irredimible;
la inextinción del mal y del bien,
que son lo mismo en Él.
La inextinción de lo que soy.

Ojalá su horno de ochocientos grados quemase lo que soy.
Quemase una carne de mil millones de grados inhumanos.
Ojalá existiera un fuego que extinguiese lo que soy.
Porque da igual que sea bueno o malo lo que soy.
Extinguir, extinguir, extinguir lo que soy, esa es la Gloria.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.
No vuelva más por aquí, se lo ruego, rezaré
por su padre. Su padre era un buen hombre
y yo no sé qué es usted, no vuelva más por aquí,
Se lo ruego. Por favor, no me mire, por favor.

Tuvo un Seat 124 blanco, iba a Lérida,
visitaba a los sastres de Lérida y a los de Teruel,
comía con los sastres de Zaragoza,
pero ahora ya no hay sastres en ningún sitio,

dijo una voz.

Qué solo me he quedado, papá.
Qué voy a hacer ahora, papá.
Ya no verte nunca es ya no ver.
Dónde estás, ¿estás con Él?
Qué solo estoy yo, aquí, en la tierra.
Qué solo me he quedado, papá.

No me hagas reír, imbécil.

Oh, hijodeputa, has estado conmigo allí
donde yo estuve, sin moverte de las llamas.
He viajado mucho este año, mucho, mucho.
En todas las ciudades de la tierra, en sus hoteles memorables,
y también en los hoteles sucios y bien poco memorables,
en todas las calles, los barcos y los aviones,
en todas mis risas, allí estuviste, redondo
como la memoria trascendental, ecuménica y luminosa,
redondo como la misericordia, la compasión y la alegría,
redondo como el sol y la luna,
redondo como la gloria, el poder y la vida.

Manuel Vilas, Calor, Visor, Madrid, 2008.
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NO PODRÉ AHOGARME NUNCA CONTEMPLANDO

Posted in Poemas que me gustan on 18 abril 2011 by cuestiondeego

No podré ahogarme nunca contemplando

de estos arcos, la belleza

en organdí labrados, blanquecinos y sutiles

como joyas para una novia penetrada por el agua

de Venecia.

La luz y su color intenso que cicatriza mis ojos

más allá del naranja, que expulsan las vidrieras

tocan demasiado en mis adentros.

De pronto, una barca blanca vestida de siniestra primavera

sale al paso de un marrón en verdes ensalzado

Los árboles, luminiscencias, agua,

y el verde  que da la vida,

han dejado mis ojos impregnados de íntima poesía.

Gracias Gonzalo, la fotografía sigue viva todavía.

OUKA LEELE

(Bárbara Allende Gil de Biedma)

EL SER Y LA NADA

Posted in Poemas que me gustan on 21 febrero 2011 by cuestiondeego

No hay nada bueno en ti, por eso te amo.
J.M. FONOLLOSA

No te conoce nadie, ni siquiera
tú sabrías decir quién eres,
de quién es esa carne, de quién ese dolor abdominal.

No hay nada bueno en ti.

Tu semen es igual
al de cualquier agente de seguros.

Poema del libro “Confesiones de un soltero autopoético”
I Premio Nacional de Poesía “Princesa de Éboli”, 2008
Editorial Point de lunettes.

LA HORA DEL PASEO

Posted in Poemas que me gustan on 6 febrero 2011 by cuestiondeego

Un hombre que ha salido con su perro,
un hombre que ha salido muy temprano,
que pasa por delante de la mar
sintiéndose distinto a la mañana
anterior, repitiendo sin embargo
cada paso de ayer, como una máquina.
Se ignora si es la bestia quien lo lleva,
o si en cambio conduce el ser humano;
o si se necesitan mutuamente
como se necesitan con urgencia
los amantes los sábados.
Amanece despacio y alguien grita
sin que nadie pregunte ni responda.

Y es que sólo hay un hombre paseando,
no arrastra tras de sí ningún dolor,
no representa nada, no es un símbolo
de ningún tipo, no es una metáfora
de la pena y la angustia de vivir,
hay poemas mejores para aquello.

Aquí sólo hay un hombre que ha sacado
a su perro a la calle unos minutos.
Que pretende volver en cuanto pueda
a la cama a seguir imaginando
que el perro se le muere, que de pronto
se le destina a un sitio donde nadie
entienda una palabra en castellano.
Un sitio sin correas. Eso piensa
el hombre que pasea con su perro,
el hombre que ha salido tan temprano
porque le aterroriza que otros hombres
puedan interrogarle con preguntas
sobre la raza y sobre las costumbres
del animal que tiene amordazado,
mientras sale a la calle con su perro
aburrido del mundo, junto al mar,
y piensa que ha vivido muchos años
y que ha sido feliz muy pocas veces,
y que ha tenido varios perros buenos
pero sólo un amor, y ese fue malo.

Ben Clark

DIARIO DE UNA ENFERMERA

Posted in Poemas que me gustan on 5 febrero 2011 by cuestiondeego

 

Muerte de un niño

(5 de enero de 1994)

Es misterioso ver morir a un niño enfermo.

(La piedad no existe para quien observa la belleza).

Su corazón continúa deslumbrando la cama. Durante el dulce

ejercicio del pecho desnudo, la boca contiene una profunda

sombra que alienta todavía.

No pesa nada un niño cuando se está muriendo. Es una leve

pluma que va cayendo a un patio y, cono cae la nieve, se

aposenta en la noche.

¡Oh pequeño empujado! ¡Rey deshaciéndose, valientemente

serio!

Tus lívidos temblores aún están recibiendo las palabras queri­das.

Tus dedos casi azules quieren tocar el aire.

Por obra de la luna un almendro florece.

Al lado de la cama ya hay vibración de hierba.

El polvo de la muerte te ha cambiado los ojos y caes, sin movi­miento, al último latido.

(La piedad no existe para quien estudia la belleza).

 

Diario de una enfermera.  Isla Correyero. Madrid, Huerga & Fierro, 1996

CASI EN LA LÍNEA DEL HORIZONTE

Posted in Poemas que me gustan on 25 enero 2011 by cuestiondeego

En el mar,
a lo lejos,
un carguero.

Han pasado horas
y no parece avanzar.
A mi mente
me viene la infancia,
jugar a hacerse el muerto
con los amigos
en la piscina.

Él,
sin duda,
años después,
nos ganaría a todos.

Javier Das. Ciertos días a estas horas.
Poemario inédito.

ITALIA, 1950

Posted in General, Poemas que me gustan on 20 enero 2011 by cuestiondeego

Alguien busca a un ladrón de bicicletas
en la Italia que sueña en blanco y negro.
Unos jóvenes beben junto al atardecer
en un pueblo sin alma
y sin espuma:
siempre tienen la borrachera triste.
Los vecinos los llaman
I Vitelloni. Una sombra camina
por las calles de la desesperanza.
Es tarde y hace frío.
Hoy el viento rasga la Città Vecchia
y secciona los tallos de las rosas.
El amor ya no abriga
ni admite otro destino que el fracaso.
Nadie espera milagros en Milán
ni se acerca al jardín de los Finzi-Contini.
Y sólo en los carteles de los cines
llueven estrellas sobre los amantes:
Las caderas de Gina, los pechos de Sofia,
son la canción de invierno,
pero luego será la dolce vita
la voz de un espejismo.
En un rincón del viejo decorado
amanece por fin Cinecittà,
y la caricia gris del celuloide
se va difuminando
como el beso en el tacto de la piel.
La muerte ya no vive en Venecia.
En Roma todo el año es mes de vacaciones.

(Babilonia, mon amour, 2005)

Luis Bagué Quílez